VIDA Y MUERTE DE NAÚN BRIONES, EL "ROBIN HOOD ECUATORIANO"

 

Naún Briones tomada del blog de Eduardo Pucha Sivisaca
Este célebre y legendario personaje nació  en la parroquia Cangonamá, cantón Paltas, en la provincia sureña de Loja, a inicios del siglo XX, esto es, el 26 de noviembre del 1902. Conocido como el “Robin Hood ecuatoriano”, el “Bandolero romántico”, el “Guerrillero sin bandera”…Catalogado como héroe, ángel, cordero, Dimas, por unos; villano, demonio, lobo, Gestas, por otros; o una fusión entre uno y otro, por terceros. Se trata de un controvertido personaje que engendró una suerte de amor, odio, ambivalencia afectiva, entre quienes lo conocieron. Posiciones éstas que desemboca en la  disyuntiva de un Naún Briones que robaba a los ricos hacendados para socorrer a los pobres, o  de un Naún Briones salteador de caminos para beneficio propio y el de su banda…?   




La presente síntesis tiene como soporte principal, sendos reportajes publicados en  ejemplares de la Revista “Vistazo” de antaño”: febrero de 1964 y junio de 1969;  sobre los cuales se ha procedido a realizar citas textuales, paráfrasis, elipsis; adicionando además otros aportes históricos, incluso novelísticos.
Retrato hablado de Naún Briones, Vistazo, 1969

Testimonios históricos sobre el personaje:

“Eran las 2 de la madrugada y una familia Orellana le había negado 2.000 soles peruanos por el 20 de enero del año 29. Con ellos enviaría a Guayaquil a tres niños enfermos, de Bracamoros. Ese Naún estaba enfurecido. Por ellos se murieron los ‘churitos’, nos negaron la plata. Entonces que se pudran igual que ellos. La muerte se la paga con muerte. Al clarear del día 30, desmantelada la casa de hacienda de Orellana estaba solitaria y en silencio”. (Agustín Valdivieso, trabajador de una hacienda localizada en el cantón Macará, Revista “Vistazo”, P. 70, febrero de 1964).

“Chusa que lo seguían como bestia, le habían echado encima todas las policías. Cada día le traían noticias  de abusos: Que había desvalijado a un campesino, encarcelado amigos, maltratado a culata a algún chiquillo o balaceado casas donde lo suponían escondido…Y maldecía a todos, jueces, tenientes políticos, comisarios. De todo los culpaba…y es que no era tan fácil atraparlo. Hacendados y autoridades lo aguardaban en vano. El nidal grande de sus escondites estaba tras de piedras inmensas o rocas tenebrosas, pero mejor entre los campesinos de las comarcas. Lo conocí cuando se llevó a doña Lola Jaramillo. Entre tantas ella fue el gran amor. En efecto, apuesto y felino, había impresionado a esa chica rosácea y espigada, para siempre”. (Mujer habitante de una comunidad de la parroquia Sabiango, Revista “Vistazo”, P. 70, febrero de 1964).

“Don Naún no era malo. Le dañaron el corazón las injusticias, pero no para mi  ni para otros pobrecitos como yo. Con disfraz o sin él, era amigo del pobre” (Ángel Mora, habitante de la parroquia Sabiango, Revista “Vistazo”, P. 71, febrero de 1964)

“Siempre tenía billetes, pero los repartía de casa en casa, dondequiera que entraba. Salía casi sin nada, pero volvía a caer sobre grandes haciendas con sus solicitudes de dinero, y ya tenía de nuevo. Mataba cuando lo tiraban a matar y perdonaba las negativas de darle plata cuando sabía que en verdad los patrones no la tenían por mala cosecha o por mucho gasto. Escribió allá, a una hacienda en Chaguarpamba. Le enviaron 60.000 sucres para que no se acerque…pero Naún se acercó y devolvió la mitad del dinero porque necesitaba solo 30 para comprar los cultivos de una finca, donde juntó como a ocho familias, diciéndoles que fabriquen un pueblito con todo. Cuando entraba a algún pueblo campestre le llovían los obsequios. Y en esa entrada de esas bebió sin cesar y casi lo matan, si es que no se resbala hacia el abismo de un salto, como gato…”. (Deifilia Rojas, habitante de la parroquia Sabiango, Revista “Vistazo”, P. 71, febrero de 1964)

“Conocí a Naún Briones, cuando probablemente yo tenía dieciocho años, en un pequeño estanco de esta ciudad, (Loja) ubicado en la tienda que hoy es parte ínfima del colegio de la Porciúncula regentada por hermanas franciscanas. La dueña del estanco era la señora Angelina Ocampo, esposa de don Alipio monteros, oriundo de Oña. No recuerdo los compañeros de colegio que entraron conmigo a tal estanco, a libar una o dos copas de licor, las primeras en nuestras vidas de mozos que dábamos pininos en la carrera de hacernos hombres completos. Lo cierto es que entramos y alguien que tampoco recuerdo y que había estado en la indicada tienda, nos presentó al ‘señor’ Naún Briones, a quien  le extendimos la mano y luego nos pusimos a verlo minuciosamente, pues conocíamos que algo poco común había pasado con aquel y estaba ya libre, con poca forma todavía de ser un temible y valiente malhechor. Vimos en Briones un hombre simpático a simple vista, de regular altura, ojos vivaces y tez trigueña, cabello negro y levemente ensortijado; vestía como un común y corriente hombre de la provincia. Pasamos a sentarnos y después de libar una o dos copas de licor, nos despedimos y salimos sin hacer comentario alguno de él…”. (Arturo Armijos Ayala, Autor del libro “Loja antigua en la memoria”, P. 128).

Sus primeros años de vida:

Los padres de Naún Briones fueron Horacio Bustos y Etelvina Briones. Tuvo dos hermanos, Gilberto y Honoria. Todos llevaba inicialmente el apellido paterno Bustos, (Vistazo, 1969). Empero, según la Fe de Bautismo, año 1903, Pág. 32, N° 84, a Naún se lo registra como hijo natural de Etelvina Briones.

Refiere Dolores Jaramillo Mora, casada solo por el eclesiástico con Naún el 28 de diciembre de 1934 en Sozoranga que, Horacio Bustos era un hombre rico,  dueño de grandes extensiones de tierra, misma que dejó  a sus tres hijos, nombrando albacea a su hermano Mardoqueo antes de morir, el cual incumpliendo la voluntad del difunto se alzó con la herencia de sus sobrinos, engrosando así su propia fortuna. Naún, el mayor de los hermanos, inició una vida dura desde la infancia, y llevando víveres a los mercados cercanos, ganaba el sustento diario para su familia. Pero, en una actitud de desprecio hacia su tío, cambió su apellido y el de sus hermanos, por lo que quedó solo como Naún Briones.

En 1924, el joven Briones, en señal de desprendimiento obsequió un pantalón y una camisa, a un hombre que no tenía qué ropa vestirse. Ese mismo año, sepultó a un pordiosero, cuyo cadáver por “estar apestando” permanecía a la intemperie, sin que nadie se atreva a inhumarlo.

Vistazo, 1969



Su bautizo en el mundo del robo:

En 1924 inició igualmente la carrera delictiva, robando a sus propios parientes. Para transportar carga tomó a hurtadillas una mula de la recua de su tío Mardoqueo, pues consideraba que esos bienes pertenecían a los suyos. El tío, hizo apresara a Naún, y el joven, de sólo 17 años, fue conducido con una soga al cuello hasta la cárcel de Loja, en aproximadamente 2 días de caminata.  Se desconoce el tiempo que purgó por esta infracción.

Sus primeros pinitos:

Naún salió a recorrer los caminos de Loja y se dedicó a asaltar a los viandantes. En el año 25, los traslados hacia Loja, la capital provincial, a las poblaciones sureñas a las otras provincias vecinas, se hacía a pie, o a lomo de mula por difíciles senderos. Briones aguardaba a la vera del camino a los viajeros para despojar sus pertenencias.

En la etapa primaria de su accionar, Briones organizó un verdadero ejército de civiles armados, con los cuales sembró el terror en una vasta zona. A decir de sus habitantes, en Cangonamá tenía su base de operaciones la banda, y  desde una colina que domina el sector, los guardias mantenían un control exacto del mínimo movimiento que se producía en muchos kilómetros a la redonda.

En este lapso, Briones se hizo temer en toda la zona, y empezó a granjearse la simpatía de vecinos pobres a quienes participaba de sus botines, mismos que en reciprocidad le ofrecían albergue, le informaban sobre movimientos policiales y de soldados, y le daban datos precisos de los posibles “clientes” para sus golpes.

Naún llegó hasta el sur de la provincia del Guayas en sus correrías, y en Naranjal mató a dos hermanos de apellido Neira, quienes eran sus enemigos. El norte del Perú fue igualmente teatro de sus operaciones, y los hacendados peruanos, se vieron en muchas ocasiones forzados a entregar su dinero.

Nació entonces la figura dominante de Briones, quien a la vera del camino se convirtió en sinónimo de pavor. Con solo verlo, los viajeros maldecían el haber nacido, y a la menor insinuación, entregaban los objetos de valor que portaban.

La leyenda creció como bola de nieve, y las fuerzas policiales iniciaron una feroz persecución  al “bandolero” lojano. Se dice que en Jipiro, barrio norteño de Loja, fue sorprendido por una fuerza policial numerosa. Cuando los agentes intentaron aprehenderlo, Naún disparó su revolver una sola vez. Un policía cayó mortalmente herido y la veintena que lo acompañaba, huyó en estampida. El delator fue un rico lojano, quien pagó caro su información cuando fracasó la detención.

Muerte a los impostores:

Una vez convertido en leyenda, la figura de Briones empezó a multiplicarse en los campos lojanos. Para asaltar caminantes o haciendas, los ladrones gritaban tan solo “soy Naún Briones” y las cosas pasaban inmediatamente a nuevo dueño.

Briones mató por ello al menos 3 impostores.

Briones pernoctaba en una hacienda de Cariamanga, cuando 2 hombres tocaron la puerta identificándose uno de ellos como Naún. La puerta fue abierta por una anciana que habitaba allí, y cuando el falso Naún entró, el verdadero salió detrás del dintel, lanzando tres sonoras carcajadas. El impostor retrocedió aturdido y cayó acribillado por las balas del verdadero. El acompañante puso pies en polvorosa.

En una hacienda llamada “Las Playas” por Catacocha, ocurrió algo similar, pero esta ocasión, el falso Naún resultó ser el nieto del dueño de la hacienda que intentó apropiarse de la fortuna de su abuelo. Naún Briones estaba en la casa y mató al nuevo impostor.

Refieren que una vez en el camino a Cariamanga, un individuo que cabalgaba un caballo negro, se aproximó a otro que pacía su cabalgadura blanca junto a un árbol. El advenedizo se acercó y le dijo amenazante “soy Naún Briones, dame tu caballo y tu revólver si no quieres que te mate”. El del caballo blanco, que resultó ser el verdadero Briones, desarmó al falso de un solo balazo y lo condujo hasta la población más cercana, atado a la cola del caballo negro, perdonándole la vida.

Privado de la libertad en el panóptico:

En 1930,  Naún Briones fue encarcelado en la provincia de El Oro, acusado de asesinar a Heleodoro Ojeda. Por cuyo delito se lo condenó a 17 años de reclusión en el penal García Moreno. Gracias a una pariente suya logró la rebaja de la pena a 6 años.

Briones ingresó al panóptico el 27 de septiembre del citado año, pero durante la Guerra de los Cuatro Días, la misma que estalló a finales de agosto de 1932, fruto de la descalificación al recién electo Mandatario señor Neftalí Bonifaz, por considerársele peruano, se evadió del Penal “García Moreno”  el 2 de septiembre de 1932, junto a 54 reclusos, en una fuga al mas puro estilo de las famosas películas de acción, en la que  perecieron 5 reos acribillados por los guardias del Penal.

Otras maneras de obtener dinero:

En la segunda etapa de su accionar delictivo, Naún Briones tenía seguras fuentes de ingreso, bastaba solo pedir dinero a los ricos. Durante este tiempo, muchas venganzas personales se saciaron. Muchos ricos lojanos, se convirtieron en informantes de Naún, haciéndole saber que tales o cuales personas tenían dinero guardado en sus casas o que pretendían trasladarlo de un sitio a otro. De los golpes que asestaba la banda, el o los informantes recibían un porcentaje. Incluso en la ciudad de Loja, Briones tenía sitios seguros donde esconderse, y no precisamente en casas de gente humilde.    

Enfrentamiento con fuerzas de seguridad:

En junio de 1933, en el sitio El Carmelo, el mayor Carlos Deifilio Morochz, a la sazón el “terror de los bandidos” localizó a Naún. Se produjo una balacera, y Morochz recibió un balzo, cuyo proyectil se alojó debajo del ángulo inferior del omóplato izquierdo. Naún dijo un año después que no mató a Morochz en ese instante, porque en el campo de tiro, estaba un amigo suyo de apellido Torres, a quien habían apresado para que los conduzca al lugar en que él se encontraba. El mayor tuvo la bala alojada en su cuerpo por 16 años, extrayéndosela en Quito en 1949.

El matrimonio con Dolores María Jaramillo Mora en Sozoranga

Vistazo, 1969

La esposa de Naún Briones, nació en dicha población en 1896, a quien le llegó a conocer en un “Santo” de Las Mercedes en Tumburuma, donde ella asistió acompañada de su hermana. Fue amor a primera vista. Dolores rememora que Briones era “malo con los malos y bueno con los pobres”. Se enamoraron luego de que ella participo en un juego de la fiesta, haciendo disparos al blanco, y fue la que más se aproximó al centro. Dolores pertenecía a una familia pudiente. Él, era un perseguido de la justicia. Un cura sirvió de consultor, opinando que era factible que doña Lola ayudase a esa alma perseguida por el destino enrumbándola por el buen camino. El sacerdote Agustín Mosquera ofició el matrimonio eclesiástico el 28 de diciembre de 1934 en la iglesia de Sozoranga. Se explica la ceremonia religiosa sin la civil, dado el deseo del cura de ayudar a quien él considera un hombre víctima de las circunstancias.

Vistazo, 1969




Los flamantes esposos Briones Jaramillo pasaron una efímera luna de miel. Sólo se vieron 3 veces entre ese día y el de la muerte de Naún.


La muerte de Naún Briones

La noche del 12 de enero de 1935, Naún llegó furtivamente a Sozoranga en junta de su fiel acompañante Rindolfo Ochoa, identificado como Espinoza, y de Víctor Pardo. Organizaron una jarana en casa de Sebastián Celi, situada sobre el pueblo, y separada de éste por la quebrada “Piedra Liza”. Estaban en la fiesta entre otros Vicente Muñoz y Baltazar Paucar, la cual se realizaba con música, licor y amenas conversaciones.

La madrugada del 13 de enero, arribó a las breñas de Sozoranga, el mayor Morochz, enviado desde Quito por el Gobierno para terminar con Briones. Morochz llevaba algunos días averiguando el paradero de Naún, comandaba un grupo de 25 guardias rurales de la provincia de El Oro. En Sozoranga, el mayor encontró al subteniente García que al mando de 15 hombres del batallón del Ejército “Quito” había llegado para reforzarlo, por el temor a Briones.

Vistazo, 1969

La policía capturó a las 3 de la mañana del 13 a Modesto Coronel, que según Morochz, era bandolero a la orden de Briones. Atándole sogas al cuello, le obligaron a confesar, al parecer estos detalles y las delaciones de ciertos colaboradores de Naún, cansados de su relación, facilitaron a la fuerza pública la ubicación del sitio exacto donde se hallaba.

Dos grupos de hombres armados hasta los dientes rodearon la casa  donde se realizaba la fiesta. Gracias al servicio de avanzada pudo informarse oportunamente de que había sido cercado. Briones saltó una cerca y ordenó a sus acompañantes, que traten de fugar. Naún, Rindolfo Espinoza u Ochoa y Víctor Pardo, fugaron por los riscos en dirección a la quebrada, bastante profunda por cierto. Vicente Muñoz logró evadirse por la parte alta. Baltazar Paucar, pudo igualmente a duras penas, perderse entre las malezas de la quebrada.

Vistazo, 1969


Los tres hombres, con Naún a la cabeza, se ocultaron en las profundidades de la quebrada. Naún ocupó un sitio entre el suelo lodoso y el seno formado por una gran piedra, catalogada por la leyenda como la “cueva” donde se realizó la “batalla”. Los 42 hombres de la fuerza pública, tomaron posiciones en sitios elevados, dominando completamente la hondonada. Los fugitivos estaban ocultos en el cauce de la quebrada, dispuestos a morir luchando.

Vistazo, 1969

  

La policía y los soldados, iniciaron la desigual “batalla” a las 5 de la mañana del 13 de enero de 1935. Desde la parte alta, cubrieron metro a metro la hondonada con sus viejos fusiles, en plan de exterminio a los perseguidos, que respondían disparando sus armas cortas sin ninguna puntería, ya  que estratégicamente el sitio no ofrecía las condiciones mínimas de respuesta.

Peso a ello, el propio mayor Morochz “reconoce que al acercarse en la oscuridad al sitio en que se suponía estaba Naún, gritó ‘Ríndete. Nada te pasará’. La respuesta fue una andanada de tiros. Morochz recibió 2 balazos en el capote, y presto fue a un sitio fuera de tiro” (Vistazo, junio de 1969, P.65).

Naún acostado en al agua y semicubierto por la gran piedra gritó “Indio Morocho. A vos te quiero matar. Matándote a ti, más que me maten”, cuando contestó el pedido de rendición (Ibidem). 

Vistazo, 1969


Después, entró en acción las armas de los uniformados. Durante 3 horas, de 5 a 8 de la mañana, la fuerza combinada de policías y soldados dispararon sin cesar al lecho de la quebrada. Lanzaron una carga de dinamita la que destrozó a Víctor Pardo, quien estaba a unos 10 metros del sitio  en que se cobijaba Naún. Algunos sostienen que el mayor Morochz, en un alarde de valentía, fue el que despreciando la vida, se colocó detrás de la roca que cubría a Naún y adelantando el brazo disparó un revólver. La bala impactó a Naún y las otras cargas seguidas de los agentes, terminaron con su vida.

"El 13 de enero de 1935, en a entrada de Sozoranga, se tomo esta foto luego de la eliminación de Briones. El uniformado obscuro, izquierda del primer plano, es el mayor Morochz. El cuerpo caído puede ser el de Rindolfo Espinoza u Ochoa, mientras el de Naún seria el que esta mas atrás, sobre el montículo", Vistazo, 1969

El cadáver de Briones presentaba un balazo en el cráneo, otro en el brazo derecho y 3 en el tórax. El bandolero Rindolfo Espinoza u Ochoa, murió por dos heridas en el pecho, una de ellas le partió el corazón, y otro balazo impactó en el intercostal izquierdo. El cuerpo de Víctor Pardo, fue levantado prácticamente destrozado. La dinamita le rompió el tórax y el abdomen. Tenía más de siete impactos de bala en distintas partes del cuerpo.

Vistazo, 1969


A las 8 de la mañana, al progresar el nuevo día, la cacería humana había finalizado, silenciando los disparos. De la sima de la quebrada descendió con aire triunfal la policía  en busca de los cadáveres. Ni un solo agente resultó herido, lo que evidencia la desproporcional contienda.

Vistazo, 1964


Hasta aquí la Revista “Vistazo”. Cedamos la pluma al Dr. Arturo Armijos Ayala.

“La policía con algunos miembros del ejército bajaron el cuerpo yacente de Naún y lo colocaron sobre una tosca mesa de madera puesta en un portal de Sozoranga, en espera de que le hicieran la autopsia de ley. No faltaron curiosos que dizque querían presenciar la diligencia. Querían ver el corazón de Briones y sus partes viriles, puesto que suponían que un hombre valiente y forajido como él no podía ser como cualquier mortal. El hecho es que se constató que el corazón y sus partes viriles eran normales y tras la constatación lo metieron en un rústico ataúd y le dieron sepultura en el panteón de Sozoranga, habiendo permanecido muerto en exhibición por algunas horas”.

Nace el mito:

En la novela Polvo y Ceniza, el literato ecuatoriano Eliecer Cárdenas Espinosa, pone en labios de determinados escépticos las siguientes versiones: “No es verdad, en Piedra Lisa no pudieron matarlo. Él vivió hasta muchos años después y se murió de viejo, tranquilo, en su cama, rodeado por sus hijos y nietos. En algún lugar del Perú. […]. Entonces dicen que el reo se sintió subir por los aires, y con incredulidad miraba hacia el suelo: cómo los soldados lo andaban buscando entre los matorrales, con sus bayonetas caladas. Y desde lo alto vio como el mayor Deifilio caminaba impaciente junto a los guardias. Y luego sintió una ráfaga de viento, un fortísimo viento que lo empujaba al sur y lo arrastraba más allá de la frontera, sobre los arenales del Perú y sus vallecitos angostos. Dicen que descendió en un pueblo lejano, donde nadie sabía quien era, y allí se casó, hizo negocios, tuvo muchos hijos, cambió su nombre, se volvió rico y vivía esperando las romerías para caminar de rodillas hasta los templos, agradeciendo el milagro. Esto cuenta la gente que no quiere creer que al hombre lo mataron en Piedra Lisa. Y yo también lo creo: me gusta contradecir las verdades que no vale la pena, ¿no?”. 

¿Si Naún Briones se casó en el Perú, dónde queda doña Lola?

Novela histórica publicada en 1979 



Poemario, Zaruma-El Oro, 1994

Referencias:

Armijos Ayala, Arturo. (1995). “Loja antigua en la memoria”. Editorial Universitaria. Loja-Ecuador.

Cárdenas Espinosa, Eliécer. (2018). “Polvo y Ceniza” (novela histórica). Colección Antares. Segunda edición. Quito.

Reyes, Eduardo. “Naún Briones famoso bandolero lojano”. En Revista “Vistazo”, junio de 1969.   

Torres, Martín, “Aquí vivió Naún Briones: el Bandolero Romántico que robó a los ricos para socorrer a los pobres”. En Revista “Vistazo”, febrero de 1964.

 



































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